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ENTREVISTA

Luis Alberto Tamayo, escritor

Los desafíos de un narrador

Tenemos entendido que suele dedicar las vacaciones de verano para trabajar como escritor a tiempo completo...

Soy  profesor y casi  siempre  he  estado contratado en algún colegio por  44  horas.  Sucede que  desde siempre le tuve miedo a la pobreza, no me gusta el frío, ni el hambre para nadie, tampoco para mí. Y ocurre también que  siempre  quise casarme y tener hijos. Entonces, esto de ser escritor, ser artista en el tercer mundo, es un acto heroico. Yo me he sobreexplotado, duermo menos para escribir, para leer, no veo casi a mis amigos. No voy  a recitales  y veo muy poco  cine y pocas series. He pagado un alto precio por llevar  dos carreras. Cuando mis  compañeros  de trabajo se van  felices  el viernes  a descansar, yo voy a escribir,  a corregir. Cuando mis compañeros  van felices  de vacaciones  de verano,  yo  me recupero en unos  días  y me  encierro cada mañana  a escribir. No  he  tenido otra  opción.  No puedo decirle  a  las personas  que  soy artista y que me den de comer, quizá sería justo, pero no tengo cara para eso. No me gustan estas reglas  del juego, pero siempre supe que esto era  así.  Por  eso escribí el cuento de “La Araña Miró”.


¿Cómo ejercita el trabajo creativo? ¿Es autor de mucho borrador o de inspiración fluida?

Hay que optimizar el tiempo,  como  mi cabeza nunca para,  yo escribo  mientras camino, mientras voy en metro, (por  eso me paso de  estación y me pierdo) escribo en la cabeza ,  saco mi libreta y anoto un par de palabras claves  que  encierren la idea.  Luego  hago una pequeña  escaleta, uso la técnica de guionista que  aprendí cuando fui, durante cinco años, libretista  del  programa  de televisión “Los Venegas”.  Hago mi mapa  general  del escrito y  empiezo,  trabajo  dos, tres  semanas  sin parar y luego  corrijo,  corto,  agrego un poco y ya.  No me pongo  a  escribir nada  si  no tengo resuelto hacia donde  voy  y como voy a  llegar. Casi  no hay borradores, eso sería un lujo.


¿Imaginó alguna vez el ganar el Premio Altazor como lo hizo con su libro “Un gran gato”?

Ese premio  en particular, no lo imaginé nunca, porque yo  no postulé,  fue la Editorial.  Son premios  con nombre  abierto ( mi nombre va  en la tapa  del libro, no hay pseudónimo).  Es muy fácil que el jurado  se  vea expuesto a recomendaciones, a simpatías, amistad,  aprecio o maledicencia, por un determinado  autor. El premio Altazor  era un premio dado por los pares, entonces  me sorprendió muchísimo ganarlo, quizá  mi obra era seguida , conocida o apreciada más  de lo que  yo suponía. Reconozco  sí,  que  el libro quedó hermoso, un gran trabajo de la  editora Jorgelina Martin y  de la ilustradora Carmen Gloria Quiroz.


Su novela “El extraño caso Jack Hooligans" a primera vista se lee como una novela de fantasmas, pero también se encarga de difuminar los límites entre fantasía y realidad…

Yo  también  me  sorprendí mucho  con esa historia. La primera vez que  quebré  las reglas  de la realidad fue en el cuento breve “ Soldado de Terracota” que ganó el concurso Santiago en 100 Palabras. Esa fue la primera vez que incursioné en la fantasía  y me gustó. No quise  hacer una novela de terror, pero sí que inquietara,  que  removiera un poquito el sosiego.


También incorpora temas fuertes como el abandono infantil, los horrores de la guerra y la soledad…, aparte de su propia experiencia como docente.


Aquí vuelvo otra vez a la figura  de  esa  historia que se me planta delante y  me transforma  en su esclavo y me obliga  a  escribirla. Conocí a Jack Hooligans,  hasta  su nombre me lo dijo él y luego me contó  su vida y sus dolores y me ordenó  que la  escribiera. Jack es un niño mandón y no me quedó más  que obedecerle.  Ese  niño  hasta  hoy me  acompaña, le tengo un enorme cariño.


Al parecer ha aprovechado la cuarentena para avanzar en un libro de 70 relatos infantiles. ¿Qué tal va?

Ese libro  me  ha costado un ojo de la cara,  (literal, una trombosis), pero es un proyecto faraónico, hermoso y  demencial, pero es un  buen proyecto. Cuando niño yo tuve un libro con 70 cuentos narrados  por Roger Lancelyn Green  e  ilustrados por Vojtech Kubasta.  Son cuentos  de  todas partes  del mundo,  ese libro es  una  viga maestra de mi cultura  como cuentista,  entonces  se  me ocurrió hacer mis propios  70 cuentos. Es una locura, pero para eso estamos.  Ya  tengo  50 relatos y  voy por  los  que faltan.  Será un libro gigante  o  tres  tomos, no lo sé.  Hay que buscar otro  sujeto o sujeta  loca que los  dibuje.  Yo tengo un gran laboratorio  que  son los cuentos  que cuento  cada día  a  los  alumnos  del Colegio Altamira en Peñalolén , donde  estoy contratado solo para contar cuentos,  yo  hago el puente  de oro entre la literatura oral y el libro.


¿Trabajará nuevamente las ilustraciones con Carmen Gloria Quiroz, con quien suele formar mancuerna creativa?

Idealmente  me  encantaría trabajar con Carmen Gloria, somos  amigos. La  admiro mucho, pero  no somos  siameses,  cada  uno tiene  sus propios proyectos,  conversamos mucho, quedamos agotados,  pero hemos hecho cosas hermosas, hay un librito llamado “Sobremesa”  que vale por  toda nuestra  amistad.


¿Cuántos libros por escribir esperan en el horizonte a Luis Alberto Tamayo?

Por lo pronto terminar  “Igor el Fugitivo”, una novelita que forma  un trio  con otras dos  ya escritas. Novelitas  de 42 paginas.  Luego termino los  70 cuentos  y sigo  con una novela policial para grandes. Ya  está listo el detective , el crimen y  la ciudad.  Luego  voy  con una novela  de largo aliento y otro libro de cuentos y creo que no más. Ah. me olvidaba  que  llevo un DIARIO DE VIRUS que ya lleva 134  días y 200 paginas , quizá  sea otro libro, lo comencé  a  escribir el 16 de Marzo de 2020.


Para terminar… ¿Qué le resulta más placentero: escribir un cuento  o relatarlo a sus alumnos?

Me gusta contar, actuar los cuentos,  cuando  joven quise  estudiar teatro,  después  estudie  un diplomado en Pedagogía Teatral en la Universidad Católica.  Es  distinta  la literatura oral a  la escrita, es otro registro del habla.  En el libro no hay cadencia  de voz, no hay  gestos  ni pausas respirando.  El cuento escrito  debe  ser más exacto y no hay retroalimentación ,  no  puedo leer  el cuerpo del lector.  Me gustan los dos oficios, pero en el cuenta cuentos directo, me  siento más  querido.



www.luisalbertotamayo.cl

Este destacado escritor nació en San Fernando en 1960. Profesor de Educación General Básica por la Universidad de Chile, obtuvo el Premio Altazor 2014, Categoría Literatura Infantil Juvenil, por su libro ilustrado Un gran gato, en tanto que su novela juvenil Caballo loco, campeón del mundo, lleva a la fecha diez ediciones. Autor de El niño del bidón amarillo, El extraño caso Jack Hooligans y la Araña Miró, entre muchos otros títulos, comparte su trabajo escritural con su labor de cuenta cuentos en el colegio Altamira de Santiago. En su tiempo libre, gusta de coleccionar hermosas piezas de loza ya discontinuada y ejecutar manualidades en el taller de su casa, donde cada herramienta posee su propio valor e historia. “Quimera” conversó con esta narrador sobre los procesos creativos que sustentan su obra.


En su obra se desprende una importante consideración del niño como ser humano complejo, como acontece en su libro “El niño del Bidón Amarillo”.

En la  concepción del niño o niña, pensante, crítico, creativo y con una postura ética me ayuda,  sin duda, mi formación  como profesor de Educación General Básica.  Los profesores que tuve  en la Universidad de Chile, lo que  leí entonces, y sigo leyendo, me llevan a entender la maravillosa complejidad del  ser humano, una complejidad que  se manifiesta a muy temprana edad.  Yo le hablo a  los niños sin miramientos, de igual a igual, guardando solo el cuidado de  no perturbarlos en su desarrollo. Es una maravilla verlos y mostrarlos,  descubriendo  e inventando el mundo.


¿Qué gatilla dentro de usted la génesis de una nueva historia?

Francamente no creo inventar nada, no  armo estructuras narrativas, al menos conscientemente,  no busco nada; más bien las historias me  encuentran a mí y se me plantan delante  y me  exigen  que las  escriba, que las cuente.  Yo  voy siempre  con los  oídos, la mente, los ojos  abiertos, atento a  las  señales que indican que hay una  buena historia por  ahí escondida. Siempre hay una buena,  una increíble historia  para mí  en cualquier camino.


Fotografías: cortesía Edebé

Fotografía: Wikipedia