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Quimera
Revista Digital Literaria
Proyecto Financiado por el Fondo de Fomento del Libro y la Lectura, convocatoria 2020

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Conocí a Óscar Hahn en el viejo Consejo Regional de Cultura, mientras me desempeñaba en dicha repartición, la que posteriormente pasaría  a llamarse Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. Fue un encuentro breve, sin mayor protocolo. Venía precedido de fama de poeta,  avecindado en Estados Unidos y profesor de las  Universidades de Maryland y de Iowa. Resulta interesante comprobar que chilenos dañados por la dictadura encontraron exitoso cobijo en otras latitudes. La cultura literaria lo conocía y ansiaba verlo convertido en Premio Nacional de Literatura. Casi toda su producción  literaria había acontecido en el exterior, lo que ha sido hándicap para un poeta de esta parte del mundo .Para Rancagua es un honor, pues se dice que fue alumno del liceo Oscar Castro Zúñiga, aunque en su biografía no se menciona esta particularidad.

He leído A Media Voz de Óscar Hahn. En primera lectura, llama la atención que sus poemas son creaciones breves, como enunciaciones espontáneas, abundantes de experiencias cuotidianas, desde una noticia por TV, la luz de un almuerzo familiar, o bien un ramo de gladiolos ahogados por el mar. Su  poema  En una estación del metro, bella muestra de cómo una situación cotidiana puede convertirse en fracción de segundos en pieza dramática. El arte poético puede producir milagros. Cómo así dirán ustedes. He aquí la muestra:

Y el amor no sea más que eso/ una mujer o un hombre que desciende de un carro/ en cualquier estación del metro/ y resplandece unos segundos/ y se pierde  en la noche sin nombre… ( final del poema) Ni un beso, ni una caricia, ni siquiera el chao habitual. Para el poeta -hablante- el amor se difumina en un segundo.

Destacable es el manejo del soneto, sorprendente, bien elaborado, con una sutileza precisa. Oscar Hahn es un poeta culto y su cultura lo sitúa entre poetas sobresalientes, pero sin la exuberancia de Neruda o Huidobro  Y esto nos lleva a observar un elemento nuevo –de más de dos mil años- que Óscar Hahn lo retrotrae con maestría: el epigrama. Poema breve, preciso, quizás  satírico, y que tiene una novedosa conclusión: A MI BELLA ENEMIGA

No seas vanidosa amor mío/ porque para serte franco/ tu belleza no es del otro mundo/ pero tampoco es de este…Si no es epigrama, qué es, pero le está   provocando las iras al poeta latino Marcial.

Oscar Hahn fue con creces merecedor del Premio Nacional de Literatura otorgado el año 2012.

Óscar Castro Zúñiga. Este  artículo podría  ser una elegía, o bien una oda laudatoria –tal vez en romance-, para el  poeta, cuentita y novelista, nacido en Rancagua, en 1910. En  esta ciudad tenemos un liceo que perpetúa su nombre y en la esquina norponiente están grabados  en láminas de cristal algunos de poemas, salvo que el sol y la impudicia los hubieran borrado.

Leer la obra de Óscar Castro produce un gustito interior por la calidez de sus versos derramados en múltiples metáforas -y otras figuras literarias-, tiernas, sorpresivas, lejos de cualquier verbalismo. Juega con la expresión poética, como los pintores italianos del Renacimiento jugaban con la paleta y los colores. Pero, en su juventud creativa, no existían en Chile  los generosos a la manera de un Mecenas  que hubieran alabado su estreno. ¿Es que el escritor requiere la ausencia de recursos para crear? En el periodo que le  tocó vivir no existían las complacencias para un escritor pobre y provinciano. Tal vez la historia se repite una y otra vez. Dicen que Augusto D’Almar alabó su responso a García Lorca, hombre también de existencia breve truncada por la Revolución Española. En alguna parte leí que primeras creaciones –tal vez bajo seudónimo-- aparecieron publicadas en las revistas Don Fausto y El Peneca. Buen comienzo.

Su biografía, pese a su corta vida, está plagada de anécdotas. Su familia, sus estudios, sus amigos, sus amores, su vida literaria, su participación en grupos culturales (Los Afines), sus publicaciones. El poeta, como Gustavo Adolfo Bécquer, intuía una existencia segada en el apogeo de su producción y se apresuró a cumplir su destino.

Su obra no ha tenido una vigencia fugaz, con frecuencia aparece algún cantante recordando un poema musicalizado, versos que no fueron escritos para cantarse, pero Óscar Castro debe haber escuchado con emoción desde el Más Allá las voces de Los Cuatro de Chile y la profunda voz de los hermanos Duvauchelle.

Al integrar el equipo del Dpto. de Cultura (año 2001), de la Seremi de Educación mi visión adquirió otros tintes, pues conocí al mundo artístico-cultural, ocasión que me permitió conocer y tratar a Isolda Pradel, viuda del poeta  -recientemente fallecida-.. Se trataba de una anciana muy activa para sus años y anhelaba que alguna institución o empresa se interesara en publicar las obras completas de Óscar Castro. Sueño valedero pues la obra del poeta estaba diseminada en distintas publicaciones. El éxito llegó a través de un proyecto de la Corporación O’Higgins, que reunió toda la poesía o buena parte de ella. Nunca le escuché a Isolda agradecer esta iniciativa privada, que recibió el financiamiento  del Consejo Regional de Cultura, a través del área de Fomento al Libro y la Lectura.

Estuvo funcionando el concurso literario Óscar Castro, del que entregó información detallada mi amigo Luis Agoni Molina, en su emotivo artículo en homenaje a Jorge Nawrath, publicado en la revista on line Quimera N° 2. En algún número de esta revista tal vez conversemos sobre literatura y otros tópicos con Luis Agoni.

La Fundación Óscar Castro, entidad privada que ocupaba  una casa cedida por la Municipalidad, tuvo un azaroso desempeño.  Sin recursos ni un menesteroso puede subsistir.  En lo personal, siempre he lamentado que un día dejamos la institución y quedó  inconclusa la iniciativa de convertir  a la Fundación  en un centro de estudios de proyección regional. ¿No es cierto Alamiro Carmona y Héctor Henríquez?

El año 1947 recibió el Premio Nacional de Literatura el poeta Samuel Lillo, año en que falleció  Óscar Castro. ¿No cree el amable lector que el poeta rancaguino a esa altura se merecía el Premio, pues la obra poética y narrativa del autor de La vida Simplemente y de tantos poemas, como el romance del hombre nocturno, Oración para que no me olvides  superaba la de este y de muchos escritores premiados? Siempre la historia se cuenta con tardanza. En alguna parte del universo debe seguir quejándose por la misma omisión el escritor chileno  Luis Durand, autor de, entre otras obras,  la novela de tendencia criollista Frontera.

Óscar Castro es dueño de una dimensión artística quizás desconocida en nuestra literatura. Integrante de la generación Del 27, se fue tempranamente- Como hombre aficionado a los hallazgos, debe estar en  permanente tertulia literaria con los poetas –también de corta existencia- Carlos Pezoa Véliz, Romeo Murga y Domingo Gómez Rojas.


LOS DOS  ÓSCAR

Jaime Herrera Román