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ENTREVISTA

Mario Noceti, escritor

“El lenguaje es una ciencia y en nuestro caso es una ciencia compleja”


Savia nueva en las letras regionales

Mario Noceti Zerega nació en 1938 en Limache, V Región. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Anexa a la Normal de Curicó  y luego las Humanidades con los padres Mercedarios de Rancagua y Santiago.( Limache, 1938). Los excelentes maestros que tuvo, fueron decisivos en su vida y abrieron su alma a la belleza, el arte y la contemplación. Animado por el espíritu de la vida religiosa, prosiguió estudios de filosofía y teología en la Universidad Católica de Santiago, en Quito y en la Paul University de Chicago. Paralelamente se inició en el trabajo pedagógico, ejerciendo funciones directivas y docentes en diversos colegios de la Sexta Región.

Escritor, cuentista, historiador y cronista por derecho propio, conversamos con este hombre de letras y profesor de Lenguaje sobre el habla del chileno actual y sobre las crónicas literarias que pública hace casi dos décadas en la prensa regional.  

¿Está de acuerdo con la expresión “Todo escritor es deudor de su tiempo”?

Tuve al final de mis años como profesor, un director que continuamente me decía: “Don Mario, sáquese los dinosaurios de encima”. No me considero deudor de la época que me tocó vivir. Siempre he pensado que debí nacer en otra época y en otro país. Por lo demás, es muy cierto lo que asegura el dr. Gregorio Marañón ( 1887-1960), cuando consigna que “a los contemporáneos de casa momento histórico les ha pasado siempre que vivían en los días más tristes de su siglo”. Para bien o para mal, pertenezco a ese tipo de gente que tiende a hipervalorizar el pasado y como dice el mismo Marañón, cara a cara al pasado, “habremos de convenir que lo que fue, es y ha sido siempre peor que el presente”. Sí me parece que muchos escritores están inmersos en las experiencias que les deja el período en que les toca vivir.

¿Qué recursos lingüísticos cree que le faltan a los chilenos?

Habitualmente, el hombre cuando habla, manifiesta que pertenece a un grupo social determinado. El castellano es un  idioma con más de cien mil léxicos y 14 mil verbos. Idealmente, algunos gramáticos cuando hablan de los niveles de uso del lenguaje establecen un nivel elemental. La función expresiva del emisor no va más allá de las mil palabras. Un segundo nivel “popular” amplía el número de vocablos a unos cinco mil. Por último, el nivel “usual culto” comprende unos trece mil vocablos. Ignacio Valente decía hace algún tiempo, en “El Mercurio”, que un chileno, incluso universitario, tenía como función expresiva un vocabulario de 500 palabras. De esas, habría que descontar las palabras procaces y los chilenismos. No obstante, Victoria Espinoza, miembro de la Academia Chilena de la Lengua, sostiene que el “español-chileno” no es bueno ni malo, sino que es corriente. El primer recurso que le falta al chileno es vocabulario. El segundo  es desterrar los vulgarismos ( defectuosa pronunciación y escritura de palabras y giros, propias del vulgo); el tercer recurso es terminar con los barbarismos (palabras o giros de otros idiomas). De estos estamos saturados, especialmente del llamado spanglish.

¿Cómo corregir estas falencias?

En una encuesta de la Universidad de Chile, se descubrió que en Chile quienes menos leen son los profesores. De las cuatro operaciones básicas del idioma, estamos a pérdida los chilenos: no sabemos escuchar. No sabemos hablar. Carecemos de hábitos de lectura y no sabemos escribir. Y es que,como dice Humberto Eco, la gente confunde tecnología con ciencia. El lenguaje es una ciencia y en nuestro caso es una ciencia compleja. La génesis del problema está en la formación de los profesores. Miles de profesores de Educación Básica no dominan la materia. Y nadie da lo que no tiene. Otro tanto ocurre con los profesores de lenguaje. Se ha puesto el énfasis en la comunicación, pero todos se han olvidado que todo idioma tiene una madre que se llama gramática. A la gramática se la elude, se le hacen “Verónicas” como a un toro bravo. Pero falta quien la tome por las astas.

La buena lectura podría ser un aporte…

Podría. Siempre que al alumno se le induzca a leer los clásicos.  Cuátemoc Sánchez, Isabel Allende, Rivera Letelier, Pablo Coello aportan poco. La auténtica lectura requiere de la elaboración de muchas influencias. Al llegar a 3° de Educación Media los textos deberían estar en relación con la forma (vocabulario, gramática), el contenido y el contexto. Sin embargo, según la Prueba PISA, nos hallamos con alumnos que a los 15 años no comprenden lo que leen. Es más, controlar la lectura mediante pruebas de alternativa es un error. Se precisan pruebas de ensayo, en las cuales el alumno demuestre comprensión global de lo leído; obtención de información, reflexión sobre el contenido y la estructura.  Todo pasa por un profesor con vocación, que se dé el trabajo de guiar a los lectores.

Es usted un cronista consumado, con sus textos “Pinceladas pichileminas” y colaboraciones en secciones como “Estampas Campesinas”, entre otros escritos.

En efecto. En 1994 ( 15 de diciembre), recibí una carta del cardenal Carlos Oviedo Cavada, de quien fui alumno, agradeciéndome un artículo que publiqué sobre su persona en “El Rancagüino”. Textualmente, me dice en el primer párrafo: “Además percibí que eres un cronista y hasta historiador”.

¿Cómo se gestó la escritura de estas crónicas?

Empecé a enviar mis colaboraciones a “El Rancaguino” en 1968. Esporádicas al comienzo, luego con mayor frecuencia. En el año 2011, se me ocurrió llevar un registro de los artículos publicados. Entre 2012 y 2018, se publicaron 206 artículos míos. Anteriormente a esas fechas debe haber fácilmente otros 200. Debo añadir que, además colaboré por varios años con la revista “Chile Agrícola” ( sección “Estampas campesinas”), con la recista “Acanthus”, que dirigía la escritora Amparo Pozo Donoso (Talca) y con el boletín de los profesores jubilados que publicaba la poeta Josefina Acevedo, de San Fernando.

¿Ha pensado en reunir esas crónicas y publicarlas?

En marzo de este año, José Ortiz Sepúlveda, ex rector del liceo Oscar Castro, e insigne folclorista, presentó en el convento de la Merced (Rancagua), una selección de esas publicaciones titulada “Crónicas para leer sin prisa”. Creo que hay material para un par de tomos más.    

Usted ha desarrollado una activa relación laboral con Regina Royo y la comunidad literaria de San Fernando.

Cuando fui llamado a trabajar al Instituto Hans Chistian Andersen, ella era todavía la directora. Amén de la relación académica, cultivamos una hermosa amistad. Me sentí querido y valorado por Miss Regina. Ella me integró al grupo Colchagua de poesía, al cual pertenecían Josefina Acevedo, José Vargas Badilla, Enrique Neiman. Pronto me vi integrado al Instituto de Cultura Hispánica de San Fernando. Organizábamos veladas y tertulias literarias con motivo del 12 de octubre.