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El hombre que asesinó a

Don Quijote y otras historias

de Luis Agoni Molina

Ediciones Circulo Literario Fénix


Luis Agoni Molina es un docente escritor o escritor docente, doctor en Estudios Americanos, y ha hecho una carrera pública como jurado literario, presentador de obras literarias y publicando trabajos de propia creación. De su puño, existen numerosos prólogos y exposiciones de múltiples poetas y narradores locales. Jamás le he escuchado decir que la literatura es un bien de consumo y hay que fortalecer su utilidad. Es una persona asequible, amable y buen amigo.


Cuando publicó Los ríos de Heráclito –en la Biblioteca Nacional- pudo haber sido un acontecimiento trascendente,  pero, con la modestia de Luis Agoni, el evento no tuvo la repercusión que merecía en el ámbito local. Siguió haciendo clases y participando en jornadas culturales. Así es este rancagüino por adopción.


Ahora vamos al Quijote. No es tardanza, ni pereza, sino la oportunidad que dan los años, el tiempo y la pandemia. Había escarbado en mi biblioteca algunos títulos relacionados con el Quijote, de mi periodo docente, y naturalmente saltaron a la vista La vida Quijote y Sancho de Unamuno, embuste abierto y luminoso, y la obra de Menéndez Pidal Un aspecto en la elaboración del Quijote, ¿aspecto tiene que con el romancero?. Los escritores de la Generación del 98 se inspiraron en las tradiciones culturales de la vieja España –el Quijote fue parte de ese complejo cultural- y rescataron lo más valioso de su trasfondo histórico.


De América irrumpe en la escena de dicha generación el poeta Rubén Darío, luego de su paso por Chile y  Argentina, El vate avanza con el modernismo en la pluma con toda la influencia francesa, llena de música y colores, y diciendo cuando una musa te dé un hijo queden las ocho en cinta. Rubén Darío .dejó escrita su Letanía por nuestro señor Don Quijote, bello poema modernista con la temática de la caballería andante en el trasfondo y el idealismo a cuestas, donde no queda nada al arbitrio de un lector desaprensivo. Aquí incluyo la última  estrofa de dicho poema:


Ora por nosotros, señor de los tristes


Que de fuerza alientas y de ensueños vistes


Coronado de áureo yelmo de ilusión.


Que nadie ha podido vencer todavía


Por la adarga al brazo, toda fantasía


La lanza en ristre, todo corazón.


Amigo Luis, he aquí la fantasía, germen de tu cuento. El imperio del ensueño sobre la realidad palpable, el diagnóstico del áureo yelmo de la ilusión. Hermoso relato en que se enlazan –vaya qué tipo de enlace- un anónimo escritor del siglo XV que originó el Amadís con todas las aventuras y desventuras del Doncel del Mar, sus encuentros y desencuentros con la esquiva Oriana y el supuesto viaje a través de los siglos. Y Cervantes, despierta del sueño eterno, y defiende su creación, lanza en ristre, porque aquí sí que hay tránsito secular. El ideal reside hasta en la política –un poco estropeado-, pero  es una especie honesta, elocuente, y en toda discusión –como una batalla de caballería-surgieron los pareceres entre el anónimo autor del Amadís de Gaula y Miguel de Cervantes. ¿Quién tiene la verdad? Don Quijote llega repentinamente a enturbiar el debate, antes de encumbrarse por los cerros de San Juan de  Machalí. Aparece coronado con el yelmo de Mambrino (una bacía de barbero), su adarga es una rama de árbol sin pulir y su armadura es de latón escasamente bruñido, pero le sobra arrogancia, como si estuviera frente a los molinos de viento. Este es mi Quijote que yo creé y sigue vivo a despecho de Don Álvaro de Ataide, exclama Cervantes, lamentando que no estuviera presente el autor del Quijote apócrifo.  Rocinante ha dado  señales de impaciencia y golpetea el suelo para concluir el debate.


Finalmente, don Quijote, como una luciérnaga, pica espuelas a Rocinante y musita lleno de orgullo: soy una idea y los grandes ideales conservan su lozanía a través del tiempo.


Jaime Herrera Román

Profesor de Estado en Castellano