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ENTREVISTA

Tulio Mendoza Belio, escritor

“El autor es el primer lector privilegiado de su propia obra”


Crédito fotografía:

Guillermo Salgado

Tulio Mendoza Belio ( Rancagua, 1957) es un destacado poeta, escritor, profesor, editor, ensayista y gestor cultural. Reside en Concepción desde 1976. Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua por Concepción, Correspondiente de la Real Academia de la Lengua Española e integrante del Instituto de Chile, fue profesor del Taller Literario de la Universidad Católica de la Santísima Concepción (Chile) y de la Facultad de Humanidades y Arte de la Universidad de Concepción (Chile). Entre los muchos galardones que ha obtenido figura la primera versión 2011, del Premio CERES a las Artes Regionales, en la categoría de Artes Literarias por su libro Otras palabras; Premio Regional Baldomero Lillo de Artes Literarias, 2011 y en seis oportunidades ha obtenido el apoyo en el concurso público de proyectos del Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura-Línea de Fomento a la Industria, Edición libro único: 2016: El hombre del cuchillo y otros cuentos; 2017: El laurel y la ceniza (poemas); 2018: Oficio de sastre (poemas); 2019: Nyntos (poemas) y Lugares ejemplares (ensayo literario) y 2020: Monedas/Miradas (poemas). Dentro de su obra publicada, figuran tras palabras (poemas, 2010); Llamas de un mismo fuego (sonetos, 2011); Libro de las visiones (poemas, 2012); El hombre del cuchillo y otros cuentos” (2016);  El laurel y la ceniza (poemas, 2017); Oficio de sastre (poemas, 2018); Nyntos (poemas, 2020) y Lugares ejemplares (ensayo literario, 2020).

“Quimera” conversó con este laureado escritor sobre su  producción literaria y el alcance actual de su poesía.


Su currículum abarca varias páginas…¿No siente el peso de la creación?


La vida misma se va llenando de páginas, uno es semilla por vocación, invención y deseo, tiempo vivido en plenitud creativa. Pronto se descubre árbol y a veces bosque. Se diría que el currículum es para los demás, hasta la palabra es fea, es solo un inventario, un esquema, una superficie. Lo otro va por un carril distinto, es la otra voz, tiempo hacia abajo o hacia arriba que tuerce la línea horizontal y la transforma: allí la poesía no puede ser peso, sino luminosa experiencia que hace más habitable el mundo, “supera la avería de lo cotidiano”, como dijo Jorge Teillier, y da un sentido a nuestro ser escindido de la naturaleza, "separado", como afirma Erich Fromm en su libro “El arte de amar”.  


En Chile son varios poetas que llevan el título de inmanentes…¿Se  encuentra usted entre los poetas de esta denominación?


Las clasificaciones operan para establecer categorías y poder manejar ese continuum que es la realidad. En varias de mis respuestas a su entrevista hallará usted las palabras "misterio", "intuición", "inspiración", "aparición", "imágenes", "correspondencias", "analogías" y otras que tienen relación con una esfera que podríamos llamar sagrada de la palabra y de su formulación. Inmanencia y trascendencia, una esencialidad. Creo que algo de esto hay en mi poesía, el carácter sagrado del erotismo como una pulsión creadora, dadora de vida y una escritura que se produce casi siempre en el instante mismo del proceso creador, sin una posterior intervención. El poeta Humberto Díaz-Casanueva afirma algo que me sucede con mucha frecuencia: "Todo se inicia en un estado de ánimo que se va expandiendo en asociaciones»”. Poesía: invención y deseo; lenguaje y visión de mundo.


Neruda, Huidobro, Parra son poetas altisonantes…¿Han dejado alguna huella en su obra?


Lo de altisonante, valga la redundancia, puede sonar como un rasgo negativo. "Muy sonoro y elevado, acompañado de afectación", señala el Diccionario de la Lengua Española (DLE). No considero altisonantes a estos autores, toda vez que como poetas "lineales" tienen un desarrollo, una trayectoria con diferentes etapas o momentos. El Neruda de "Crepusculario" no es el mismo que el de "Residencia en la tierra" o el de las "Odas elementales", ni el Huidobro de "Ecos del alma" es el de "Altazor", ni mucho menos el Parra de "Cancionero sin nombre" con el de "Poemas y antipoemas" o el de los "Artefactos".

 

En cuanto a las influencias, todo lo que uno lee (y empleo el término lectura en un sentido amplio, es decir, para todas las artes y la cultura), si entra en la significativa esfera de los afectos y en el diálogo creativo escritural, puede dejar huellas, a veces son más evidentes y voluntarias; otras, se filtran cuando uno menos lo piensa. Además, es necesario precisar que la vida de los escritores, aunque no siempre sea ejemplar en el sentido normativo-conservador, también puede dejar una enseñanza, porque es la apuesta de los perdedores que se la jugaron por completo, algunos hasta la propia aniquilación.

  

De los poetas que me nombra, Neruda es el que marcó mis primeras lecturas. Escuchaba su voz en los viejos-nuevos vinilos, durante horas en el living de mi casa, allí en Bueras 318: los 20 poemas de amor y una canción desesperada y Alturas de Macchu-Picchu. Todo esto en los años de iniciación literaria. Huidobro y Parra, vinieron mucho más tarde. Pero mucho antes, Gabriela Mistral y Óscar Castro. La huella principal es la fundamental: todos ellos nos han enseñado a tomar conciencia de la lengua, la materia prima con la cual trabaja el poeta. Y mucho antes de ese otro antes: mi madre Estela cantándome al oído canciones del flamenco español para hacerme dormir. Esa línea melódica significativa ya comenzaba a operar allí la magia de la poesía. Me lo confirman, a su modo, las experiencias de infancia de Octavio Paz y de José Saramago.


Los poetas que han marcado mi escritura poética son, entre tantos, Octavio Paz, Gonzalo Rojas, Borges, Fernando González-Urízar y Miguel Arteche y los poetas españoles contemporáneos, particularmente, Luis Antonio de Villena, Juan Carlos Mestre, Ana Rossetti e Isla Correyero. Pero también la música, las artes visuales, el cine, la cultura toda y la sensualidad de las tierras de mis abuelos maternos Raquel y Alberto, nacidos en Esmirna (Turquía) y Orán (Argelia), respectivamente.


Rubén Darío, en el prólogo o in límine de Prosas Profanas sugiere que Cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho en cinta. ¿Es una advertencia para el poeta o una cordial invitación?


Ambas, aunque la advertencia es más bien una recomendación. Darío expresa una verdadera "arte poética", es decir, una concepción acerca de la poesía y del ámbito de lo poético, en el sentido de que esa oración podría equivaler al dicho que se ha hecho popular y que expresa que "una golondrina no hace verano", el cual pertenece a Aristóteles. En su libro de “Ética a Nicómaco”, expresó: "Porque una golondrina no hace verano, así tampoco hace feliz a un hombre un solo día o un poco de tiempo venturoso".  Rubén Darío escribe: "Y, la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco; cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho encinta." Inspiración y trabajo consciente, oficio e intuición poética. Ya García Lorca nos enseñó que solo el misterio nos hace vivir. La palabra "inspiración", que ha estado tan a mal traer por el sentido que le dan (algo trasnochado, fuera de época), es el estado propicio a la aparición de imágenes, es decir, algo muy actual y permanente. Y luego o al mismo tiempo, el oficio que lo da la experiencia misma de la tradición y de la poyesis: no hay escritura sin lectura.


En algún poema, Machado afirma: converso con el hombre que siempre va conmigo. ¿Qué le revela esta afirmación?


Sí, lo recuerdo, tuve que aprender de memoria el "Retrato", de Antonio  Machado: "Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla..."

Ese verso que usted cita hace referencia a la voz interior que todos llevamos dentro, porque cuando uno habla, uno es el primero que se escucha, siempre podemos inventar a ese otro y no podemos escapar de su presencia y conversamos a cada instante con él. Y "conversar", en la tercera acepción ya en desuso que señala el Diccionario de la Lengua Española (DLE), significa: "Vivir, habitar en compañía de otros". Imagínese, cuando hoy no se conversa y el diálogo se reduce a un mero intercambio de información.


Pero además, hay otra voz interior, una inefable, misteriosa, de la cual nos habla Gonzalo Rojas en su poema "Rimbaud": "No tenemos talento, es que/ no tenemos talento, lo que nos pasa/ es que no tenemos talento, a lo sumo/ oímos voces, eso es lo que oímos: un/ centelleo, un parpadeo y ahí mismo voces. Teresa/ oyó voces, el loco/ que vi ayer en el Metro oyó voces."


Quien se prepara así en un ejercicio del decir, "hablando solo", como dirían los demás señalando al poeta con el dedo, no saben que, según el poema de Machado (en el verso siguiente al que usted recuerda), dice que "solo espera hablar con Dios un día". ¿Qué más podría desear?


Entre los concursos que ha ganado, ¿Ha recibido alguna observación por el sentido de su poesía?


"Observación" es un sustantivo que asociamos con algo negativo, aunque no tendría por qué ser así. ¿Observación? Si mi poesía ha ganado es porque no tendría ninguna observación, es decir, ningún reparo, falta o defecto. Solo he recibido elogios: de Gonzalo Rojas, de González-Urízar, de Arteche, de Rafide, del cubano Miguel Barnet... Ahora si relaciono "observación" con "el sentido de su poesía", se podría entender que su pregunta quiere decir que mi poesía tiene algo por lo cual podría haber recibido algún comentario. En relación a esta última interpretación tal vez tenga que ver con mi poética del cuerpo y el erotismo, una celebración de la "carne psíquica", de la seducción y del deseo. Podría explicitar esto con las palabras del escritor y crítico literario Carlos Iturra, Premio Municipal de Literatura de la Ciudad de Santiago, quien señala lo siguiente en un artículo publicado en el diario El Sur de Concepción y que yo incluyo en varios de mis libros:


“Poesía de extraordinaria sensualidad, fina como la de Kavafis y quizá más elocuente, es a la vez y sin embargo extraordinariamente espiritual, una paradoja de repercusiones incluso metafísicas que constituye uno de los encantos del libro. Se diría que hay un intento -y si lo hay, logrado- de evocar o invocar la contundencia material del roce de la carne con la carne, pero desde la abstracción radical de la conciencia; es decir, un despertar la rotundidad del llamado de la carne, en los espacios ideales del alma y la memoria. Una muestra y no la primera de ello está en que los cuerpos de estos poemas no alcanzan a ser tan concretos como para resolverse en género, ni lo necesitan, y es otra magia del poeta que tampoco el lector lo necesite: el placer de los sentidos en la carne y el placer de la conciencia en la belleza le son provocados tal vez con más fuerza a causa de no residir ni en un ella ni en un él.


En lo personal, estimo que su obra poética solo es comparable con la de un Vicente Aleixandre -Premio Nóbel de Literatura- por la originalidad de los usos idiomáticos. Léase Espadas como labios.


Lo que usted afirma es todo un elogio y me asombra, sobre todo si el poeta con el cual me compara es uno de mis afectos. Esto tiene para mí un valor muy íntimo y significativo. Así considero también lo que dice Carlos Iturra cuando compara mi poesía con la de Constantino Kavafis. Ese valor íntimo es algo que funciona en mí como una conciencia y una intuición, lo cual implica saber cómo va uno, con quiénes y por qué y cuáles son los espacios que marcan una ruta. Por eso no "funciona" para los demás, no es algo que pueda ponerse en duda, cuestionarse. Muchas veces he experimentado ese diálogo misterioso que encierran las "correspondencias" de Baudelaire, las analogías profundas que se dan nadie sabe cómo. Me ha sucedido con Violeta Parra y con Octavio Paz.


En relación a Espadas como labios, ese libro de 1932 que marcó un hito importante para la vanguardia de la época, tiene mucho sentido para mí por el carácter surrealista de su escritura, el libre juego de sentidos y, como usted bien señala, por la originalidad de los usos idiomáticos.

        

Para un profano como yo que encuentro su poesía sobresaliente… ¿Cómo la recibe el público con menos formación literaria?


Agradezco su consideración. Yo, como lector, también la encuentro, si no sobresaliente, por lo menos interesante. El autor es el primer lector privilegiado de su propia obra, luego "muere", como dijo el filósofo y semiólogo francés Roland Barthes, desaparece para que triunfe y reine el lector.


Francisco Brines (Valencia, 88 años), reciente Premio Cervantes, uno de los poetas de mis afectos, señaló: “Yo siempre escribo la poesía para mí, como lector; la recibo como creador y pensando siempre en los lectores a los que le llegará. Lo importante es que la poesía sea de los que la leen, así que estáis condenados a leerla.” 


En este sentido la obra se presenta ante los lectores tal como es y cada obra de arte tiene ya un "lector" implícito, lo que se podría llamar un lector "ideal", aquel que hará "la" o "las" lecturas que corresponden y, entonces, el problema ahora atañe a los lectores: el lector es el que debe acercarse a la obra y como hay tantas y de tan diversa factura y contenidos, se requiere un lector cómplice, como quería Julio Cortázar. Algo que falta en nuestra educación, la cual carece de una mínima comprensión lectora.


 En todo caso, el contacto con un obra artística siempre puede ser misteriosamente inesperado y producir algo en el receptor, nadie puede permanecer indiferente.  


Su formación intelectual…¿No le advierte alguna huella extraña que desmerezca su creación?


Interesante pregunta que me permite recordar un verso clave del "Credo poético" de Miguel de Unamuno: "Piensa el sentimiento, siente el pensamiento", el cual traduce la idea y es al mismo tiempo una invitación a dejar de separar artificialmente lo objetivo concreto y frío del pensamiento, del intelecto, la inteligencia, y lo subjetivo etéreo y emotivo del sentimiento.


En forma equivocada se asocia únicamente lo emotivo, el lirismo, a la poesía y se deja de lado el pensamiento. Poetas tan notables como los argentinos Jorge Luis Borges y Roberto Juarroz tienen una poesía del pensamiento y, sin embargo, no dejan nunca de ser emotivos.


Mi poesía va por esa línea, una poética del cuerpo, un cuerpo íntimo y personal que es a la vez colectivo y plural y por ser una poesía de un culturalismo vitalista (no meramente enciclopédico), celebra el erotismo no solo en el aspecto sexual, sino que como una pulsión de vida transformando el acto de escritura en un acto de amor y de entrega. Recuerdo que Octavio Paz en su notable ensayo "La llama doble", habla de una "poética corporal" y de una "erótica verbal".


El poeta y ensayista Naín Nómez escribió lo siguiente sobre mi poesía: “… en ningún momento la poesía de Mendoza Belio deja de apelar al vértigo de la imagen simbolista ni al ritmo de la frase provista de ropajes metafóricos. Ello, aun en la amplia gama de tópicos que aborda con una mirada casi reflexiva y un estilo inteligente y de gran oficio. En su extenso bagaje cultural aparecen pintores, músicos, poetas, representaciones históricas, paráfrasis, intercalaciones de su propia poesía, imitaciones de otros poetas, etc. Especialmente relevante es toda la fraseología que se interna en el diseño de un discurso erótico, que muestra la atracción del cuerpo ajeno y la conciencia humana del deseo.”


La zona muda del dolor: la palabra dolor y algunos de sus sentidos

Disertación de Tulio Mendoza Belio

Miembro correspondiente (Concepción) de la Academia Chilena de la Lengua

 9 de noviembre de 2020

http://www.tuliomendozabelio.cl/