Inicio Artículos Entrevistas Reportajes Reseñas Contacto
Quimera
Revista Digital Literaria
Proyecto Financiado por el Fondo de Fomento del Libro y la Lectura, convocatoria 2020

Revista Quimera©Derechos Reservados 2020

El furtivo camino de

un ángel azul

de José Cortés Fuezalida


La literatura chilena nos tiene acostumbrados a las sorpresas. No es novedad que de pronto aparezca un novelista de interesante propuesta, y pretenda rivalizar con los consagrados por la crítica y lectores. En el norte, impera la pluma de Hernán Rivera Letelier, señor indiscutible de la pampa y sus soles y en el sur campea el diestro manejo poético de Tulio Mendoza Belio, un préstamo rancagüino a la cultura penquista.

Esta novela de Cortés Fuenzalida es una secuencia narrativa en dos partes. Santiago y Rancagua. La capital de los años cuarenta, nerviosa urbe por donde corrían los bulliciosos tranvías eléctricos, se caracteriza por la amabilidad del personal de salud, situación que Carmen –la protagonista- entiende y agradece. No se observan comentarios sociales, ni políticos. Es una obra blanca en este periodo. La pobreza es una realidad que se asume con resignación y humildad.

Rancagua se ofrece como una ciudad lenta y tranquila, con reminiscencias  de “La vida Simplemente” de Óscar Castro. Circulan por sus calles empedradas las victorias, que le otorgan un aire pueblerino. Pero la maldad se presenta con su cara amable, llena de sutilezas, capaz de engañar al más desconfiado. Hasta la Tragedia del Humo –accidente estremecedor que remeció al país y que segó la vida de más de trescientos cincuenta trabajadores, quizás un remedo del cuento el Chiflón del Diablo de Baldomero Lillo, de características fatales-  que sirve de pretexto para complacencias personales. No hay pillo que el mal no arree.

Un detalle del texto que bien puede considerarse como relato pedagógico.  Carmen amaba la lectura… Siempre decía que los libros, sin duda alguna, eran los mejores amigos de las personas, puerta de entrada a otros mundos, donde la creación y el misterio se albergaban. Así sea esta verdad irrefutable.

En esta historia, sencilla pero compleja, recrea  el paisaje  rancagüino. En la  estación de trenes navegaban las blancas fragatas dulceras (perdón don José por esta alusión personal).  La única que sale perdiendo es la bella Norma, una meningitis la había dejado en estado de inocencia, esto según se mire. Juan, el amable Juan, maligno engrupidor, una vez que consigue su objetivo, presenta su faz más abominable. Aquí veremos qué pasa.

Es bueno que irrumpan en la literatura regional escritores de esta laya.


Jaime Herrera Román

Profesor de Estado en Castellano


http://ppediciones.cl/

148 páginas