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ENTREVISTA

Hernán Morán Vásquez, escritor

Un autor entre dos caminos de exploración  literariai


Este escritor y profesor de la Sexta Región, egresado del programa de Magíster en Educación con mención en Gestión Educacional y con un Postítulo con mención en Lenguaje y Comunicación por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, es Presidente del Directorio de la Corporación Educacional CREARTE y Director Pedagógico en Colegio de Lenguaje “Tía Mónica” de Rancagua donde lidera un proyecto educativo institucional que releva un enfoque holoformativo en el desarrollo biopsicosocial de niños y niñas  de la comunidad.


Autor de libros como “Primaveraceronte”, “Miedos Urbanos” o “El dialéctico itinerario del ser”, es artífice de la revista “Viandante Literario”. Conversamos con él sobre su trabajo como autor y también como gestor cultural.


Su obra oscila entre la prosa y la poesía. Algo que, a primera vista, no suele ser tan común como podría pensarse…  

Ambos subgéneros, la prosa y la poesía, representan para mí, territorios abiertos de exploración que, con sus propias y singulares posibilidades y desafíos, constituyen las modalidades elementales con las que se pueden crear todos los mundos posibles de significado que los hablantes (y lectores) necesitamos; tanto para narrar nuestra existencia y la de los/as demás, como para fundar nuevas realidades…

Y si bien, alguien puede elegir focalizarse en una de ambas opciones, su ahondamiento no puede sino culminar en una especialización que, aunque pueda traducirse en un mayor dominio del arte, no es lo que deseo hacer, por ahora.

Mi convencimiento actual, pasa por reconocer que sólo en el estar abierto a la multiplicidad y a la coexistencia de intereses y lenguajes diversos, puedo encontrar mi verdadero interés por comprender y expresar los misterios asociados a nuestra condición holística e interconectada que se expresa, como un trasfondo subjetivo, en cada uno/a de nosotros/as.   


-Hace algunos años, leí uno de sus libros de cuentos, inscritos se diría, dentro de un costumbrismo moderno local…


En “Miedos urbanos”, que es, creo, el libro al que te refieres, me interesé por explorar la emocionalidad que subyace en las dinámicas de convivencia y conflicto que se generan en la urbe postmoderna, como espacio de interacciones sociales y de fenómenos psicológicos complejos, por medio de relatos habitados por personajes atribulados por los vaivenes de su existencia y de sus propios fantasmas, límites y/o barreras; y por cierto, podrían asociarse a cierto costumbrismo local…


-¿Cuáles son sus mecanismos de fabulación a la hora de crear? 


Suelo desplegar mi proceso creativo de noche. En ésta, encuentro más calma y eso facilita mi atención y concentración. Sin embargo, durante el día, trato de mantenerme lo más alerta posible para captar la variedad de planos, expresiones, personas y seres en acción. Me acompaño permanentemente de una libreta de apuntes en la que registro, de manera más bien caótica, todo lo que alcanzo a recordar…y luego trato de ordenar, seleccionar, y a partir de ello, intento avanzar en algo que poco a poco se abre paso hacia algo que pueda resultarme interesante.

Por supuesto, mucho de lo que va registrando, queda abandonado (por ahora…quien sabe si algún día emerge y gatilla algo), y lo que perdura, dejo que me invada, por decirlo de un modo, y le doy tantas vueltas como sea posible, le regalo una mayor atención y espacio mental para pensarlo y hablarlo con personas importantes para mí, como Soledad, mi esposa. Diría que, ella juega un papel importante en la mecánica creativa que desarrollo.

También están los viajes, las lecturas, las películas y la música…Todo ello, pulula y ronda en mi entorno, completando la atmósfera en la que se activan (y desactivan), todos los dispositivos y mecanismos recursivos en los que se sustenta mi ejercicio creativo.    


-¿Cómo ha sido la experiencia de editar la revista El Viandante Literario?


La revista Viandante Literario se originó como un proyecto que pretendía cubrir parte de un vacío (a partir de un diagnóstico que podría haber sido medio cierto y medio imaginado) o una falta de espacios y/o posibilidades de edición de obras breves de autores/as, fundamentalmente regionales, que visualizaba, merecían ser leídos/as…Aunque luego de un tiempo, tal vez esa valoración puede haber cambiado.

Lo cierto es que muchos/as quienes fueron publicados/as, eran personas que iba conociendo en la cotidianeidad de las experiencias que se relacionaban de algún modo con la literatura; y algunos/as, entiendo, continúan insistiendo en este oficio, mientras a otros/as les he perdido el rastro…Sería interesante preguntarles a ellos/as, si la experiencia de haber sido editados por nuestra revista, se tradujo en algún tipo de impulso o beneficio en su desarrollo creativo…

En todo caso, al hacer un balance respecto de cómo ha sido esta experiencia, como editor, destaco positivamente el que este convencimiento temporal se tradujo en acciones concretas que permitieron que personas se reunieran, dialogaran, discutieran, imaginaran y pensaran (también hubo celebraciones varias asociadas) en torno a diversos temas que siempre subyacen en la literatura; a través de presentaciones de cada autor (el que solíamos realizar en diversos bares, bibliotecas y centros culturales de la ciudad), recitales literarios, experimentales festivales y pequeñas ferias de libros, que rara vez se han sostenido por mucho tiempo en nuestra ciudad, en la región y probablemente en nuestro país, salvo algunas excepciones.


-En el último tiempo, se ha decantado por la gestión cultural y la literatura infantil. ¿Un proceso de depuración de su propio trabajo?


Pienso que sí. En el último tiempo, me he orientado fundamentalmente a crear obras para un público infantil; motivado creo, por mi condición de pedagogo y por la riqueza actitudinal que visualizo en los/as niños/as frente a las artes en general. Me agrada dedicar mi tiempo a crear contenidos para niños/as (lo que no excluye necesariamente a jóvenes y adultos, cómo a veces sucede al revés).

La disposición de apertura del imaginario y la curiosidad propia de una infancia más o menos común, se traduce en un entusiasmo que me invita a asumir el desafío de captar su atención con obras que armonicen el arte de la palabra con contenidos que imagino necesarios en su formación como personas. Le sumo a ello, mi interés por lograr cierta estética caracterizada por una musicalidad, que imagino, ayuda a hacer más fluido el camino de la comprensión.

Y respecto a la gestión cultural, ésta, la interpreto como una opción de colaborar con mi recursividad, en hacer emerger mejores condiciones de desarrollo para una comunidad de la que me siento parte activa. Por ende, creo que se trata de una versión posible de ejercer una ciudadanía de manera constructiva, y cuyo proceso, no sólo me resulta entretenido y valioso en mi crecimiento personal, sino que me permite compartir lo que he aprendido, con otras personas que imagino, también se ven beneficiadas.    


-También se le ha incluido en varias antologías…


Sí, recuerdo las antologías asociadas al proyecto de la editorial Primeros Pasos, la de algunos concursos literarios, una referida al desarrollo de la oralidad desde la educación, organizada por la Cámara Chilena del Libro, entre otras que ahora no recuerdo claramente…

Lo último en este sentido, se trata de una antología derivada de un concurso de cuentos, en el que se seleccionó una de mis obras, organizado por un colectivo de la Universidad de O Higgins, que se editará en braille y audiocuentos, entiendo, este año 2021. Una muy interesante iniciativa, por cierto.


-Como docente de lenguaje y escritor…¿Cree que es posible ir inculcando el amor por la lectura y la escritura en las nuevas generaciones que están a su cargo?


Inculcar y despertar el deseo, el interés, y posteriormente, el amor, por la lectura, la escritura y la creatividad, es algo que considero absolutamente imprescindible no sólo en una sociedad, sino en el mundo de la docencia. No concibo un futuro sostenible sin un profesorado realmente preparado para estimular el deseo por “aprender creativamente” (que probablemente sea la mejor manera de aprender, si consideramos que el “aprender mecánico y repetitivo” no parece tener largo vuelo).

Por ende, desde mi perspectiva (subjetiva, por cierto), el ser maestro/a, profesor/a o educador/a, como formador/a de las personas que requiere y requerirá nuestro mundo, no puede sino adquirir la mayor relevancia dentro de este nuevo y súper desafiante vivir actual, lo que se traduce en la necesidad de contar con profesores consecuentemente creativos (y por qué no, creadores también) y altamente comprensivos de la complejidad que supone el interactuar con tantas personas diversas.

Hacer posible el inculcar el amor por la lectura y la escritura, implica que, la comunidad en su conjunto albergue el convencimiento acerca de la importancia que tiene el desarrollar estas competencias nucleares, no sólo desde una perspectiva académica, sino humana, pues las personas que cuentan con esta recursividad expresiva y comprensiva, sin duda, pueden comunicarse mejor consigo mismos y con los demás, derivado de las experiencias reflexivas que generan ambos fenómenos. Cuando leemos, tenemos la oportunidad de pensar profundamente en quiénes somos, desde una doble perspectiva intra e interpersonal. Y cuando escribimos, tenemos la maravillosa y única opción de manifestar lo que pensamos y sentimos acerca del mundo y de todos los mundos imaginables. ¿Puede algo, en esencia, ser más importante que esto?